Código de ética del traductor

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con la presencia de traductores y académicos, el 13 de septiembre de 2000, la ACTI presentó el Código de Ética del traductor en la Casa de la Cultura del Convenio Andrés Bello, acto en el cual la periodista María Teresa Herrán hizo los comentarios acerca de la importancia de este tipo de iniciativas, hechos que van formando la cultura de la ética en el ciudadano.

 

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EL ARTE DE SER TRADUCTORES ETICOS

MARIA TERESA HERRAN

 

LA DIMENSION COLECTIVA

Una de las mas bellas facetas del oficio de traductor(a) se encuentra plasmada en los Considerandos del código de ética que acaba de expedir y publicar la Asociación de Traductores e Intérpretes:  “La traducción-dice-Facilita la comprensión entre los pueblos y la  Cooperación entre las naciones al promover el intercambio de ideas  Así como la difusión de las obras a Través de las Fronteras Lingüísticas”. Analicemos cuánto abarca esa meta; cuánto nos aleja de un provincialismo incompatible con la globalización; y cuántos horizontes abre. Es, sin duda, la dimensión Trascendente de una ética de Traductores entendida no sólo  Como un acto individual, sino como un acto de proyección colectiva, Tan nacesaria en Momentos en que nuestro país sucumbe ante el peor de sus males.

Poque, no nos digamos mentiras: este mal colombiano no es la violencia,como Tanto se Dice. Es el individualismo. Es decir, la incapacidad de proyectar éticamente nuestros Valores en la esfera de lo colectivo. Dicha incapacidad es la que permite que otros, los Violentos, dominen el escenario.

Por eso, porque estamos en Colombia y no en Suiza, propongo iniciar la reflexión sobre La ética de traductores e intérpretes con esa dimensión colectiva.

El propósito mismo de congregarse como lo han hecho y de haber formado una asociación de traductores e intérpretes es ya una decisión que va en contravía del marasmo colectivo de los colombianos. Es un acto de autoestima.Un acto que no sólo busca el mejoramiento de los honorarios que se devengan a título individual por el servicio prestado, sino que es la reafirmación del ser colectivo, de existir como un grupo dispuesto a no aceptar las prácticas poco idóneas de qiienes, como en tantas otras profesiones y sectores de la sociedad colombiana, han desdibujado a tal punto los parámetros éticos que ya no sabemos como pueblo ni quiénes somos, ni para dónde vamos.

Pero son precisamente actos como éste, los que nos permiten llenarnos d esperanza.Son los que nos permiten reconstruir colectivamente los parámetros, luego de una reflexión colectiva sobre el presente, el pasado y el futuro, en este caso,del oficio de traductor.

 

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“EL QUE PECA POR LA PAGA Y EL PAGA POR PECAR”

Hoy en día, (como tampoco ayer), la dimensión ética del ser humano no está dada por el simple hecho de fijar pautas, normas o reglas de conducta. En lo que los autores modernos que siguen a HABERMAS llaman una acción comunicativa, participativa y dialogante, la ética se va construyendo poco a poco todos los días. Es una interacción más que la obediencia ciega a unos preceptos,obediencia que por lo general lleva a acatar pero no a cumplir.

Así es un acto mucho más creativo, fue la reflexión colectiva la que nos motivó a fundar la asociación de traductores y las que les permitió, por ejemplo, comprender la nesecidad de “educar” al cliente haciéndole ver que el trabajo de traductor merece respeto y tiene su dignidad. Esa dignidad no sólo es sentida por este grupo de profesionales sino que, como ellos mismos lo expresan, pueda ser exigida al cliente.Y para que ese respeto tenga repercusiones económicas,puedan, unidos, exigir el pago de tarifas compatibles con la dignidad profesional. En sentido sólo una actitud colectiva puede concretar la dignidad de recibir lo gusto y no menos de lo justo. Si uno de ellos rompe el pacto, por más crisis económica por la que esté atravesando, ese rompimiento de un propósito colectivo llevará a una inevitable baja general de las tarifas. De la misma manera, sólo una respuesta de clientela que responda a esas exigenciasde la profesión permitirá mantener esos parámetros.

Con demasiada frecuencia en efecto, se confunden en Colombia lo ético con lo jurídico, como si la dimensión ética no tuviera una tracendencia mucho más profunda,de compromiso mucho más visceral.

 

SOLUCIÓN PACÍFICA DE POSIBLES CONFLICTOS

En este mismo contexto de lo colectivo, de la interacción comunicativa para construir una ética profesional, no sobra recalcar la importancia de la pedagogía de la ética en un pais que se caracteriza por abrir una brecha inmensa entre lo que dice y lo que se hace.

Por eso mismo, no sobra recalcar que, a mi modo de ver, ésta es ante todo la labor de la Comisión Disciplinaria de Traductores y no la de convertirse en un “juez” de sus congéneres.

Con demasida frecuencia en efecto, se confunden en Colombia lo ético con lo jurídico, como si la dimensión ética no tuviera una trascendencia mucho más profunda, de compromiso mucho más viseral. Con ese enfoque más de dimensión ética que jurídica ,la comisión puede suscitar precisamente la reflexión colectiva hacia el bien común de la profesión. Otro mecanismo interesante del código,ya con repercusiones más jurídicas, es la iniciativa de crear una Instancia de Arbitraje y de Peritos en materia Lingüística y contractual al servicio de los traductores y de los usuarios de la traducción.Se acude así a una solución de posibles conflictos no judicializada. La de traductor(a) es, sin duda, una profesión cada vez más compleja y especializada, porque vierte de un idioma a otro palabras técnicas de un contenido cada vez más sutil. Ello requiere clarificar cada vez más las condiciones contractuales,las cuales, no sobra decirlo, es a veces más conveninte dejar por escrito en el momento de celebración del contrato para evitar las posibles malinterpretacionas.

Pero volviendo al tema de la  ética, mencionábamos la meta del bien común de la profesión, consistente en reafirmar, como ya se dijo, la propia dignidad, mantener los principios de honradez con los clientes, de lealtad profesional, de la neutralidad en la traducción, de la defensa de los derechos de autor del traductor(a), de la eficiencia y calidad,de la responsabilidad, de la libertad y la solidaridad. Si se leen colectivamente esos principios, verán que son los mismos que se pueden esperar de un buen ciudadano, de un buen padre o madre de familia, de un buen ser humano. En este sentido, tampoco sobra recalcar que la ética es indivisible y requiere un profundo compromiso del ser en todas sus actividades cotidianas.

 

 MILAN KUNDERA, en un bello y poco conocido libro ( los testamentos traicionados ) muestra el papel decisivo que puede jugar el traductor en la interpretación y divulgación de la obra. “ la situación del traductor- escribe- es muy delicada: debe ser fiel al autor y al mismo tiempo seguir siendo él mismo”.

Por este dilema ético es que distingue al ser humanode la máquina y el que aleja de manera definitiva y rotunda el supuesto peligro que correría este grupo de profesionales de ser reemplasados por computadores que “traducen” ( y pongámosle comillas a la expresión ), las palabras pero no su sentido.

Por eso por ese reconocimiento de la dignidad del traductor, el código que acaban de dar a conocer contempla como principio el de la libertad de aceptar el cliente y el tema de traducción, ala vez el derecho de negarse a dar al texto una interpretación impuesta que el traductor no aprueba.

Porque los traductores(as) son seres humanos dignos y creativos, porque su profesión merecen el respeto que han querido rearfimar, por eso mismo es y será tan importante su labor.