Traductores y traducción; historia y evolución

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TRADUCTORES Y TRADUCCIÓN: HISTORIA Y EVOLUCIÓN 

 Denis Lambert











 


El contexto histórico de la traducción es amplio. Pertenecemos a la civilización del libro y somos herederos de una cultura latino-griega-judeo-cristiana.
Allí resultan importantes las traducciones de la Biblia, como la Septuaginta y la Vulgata, traducida por San Jerónimo, patrono de los traductores. Antes de esto está el trabajo de Juan Taciano que considera cuatro sentidos de la escritura, que son el histórico, alegórico, tropológico (moral) y anagógico (místico).
No hay que desconocer la Edad Media donde ocurren varios renacimientos como la traducción del Corán al francés por Pedro el Venerable. De esa época, somos también herederos de reglas monásticas que han difundido la cultura, como la regla de San Benito, conservador y transmisor de muchos textos.
Durante el Renacimiento, la rebeldía del pensamiento se manifiesta a través de traducciones como la de Lutero de la Biblia al alemán. En los países donde se tradujo la Biblia, las traducciones fijaron el lenguaje del lugar, mientras que en los países latinos, donde ello no ocurrió, no hubo esa fijación del idioma.
Después del Renacimiento, la traducción se conecta con la ortografía; el redescubrimiento de escritos olvidados bajo el poder de la iglesia trae la fantasía, del griego por ejemplo, a la ortografía. En toda Europa se transfieren formas como el soneto el cual se implementa en diferentes idiomas.
Posteriormente en el siglo XVII aparece el primer texto filosófico en lengua vernácula que es el Discurso del Método de Descartes, inicialmente escrito en latín y traducido por el mismo Descartes al francés.
Otra experiencia de traducción se da con La Fontaine, quien se consideraba traductor de los fabulistas griegos y latinos, aunque no hablaba el griego.
La efervescencia intelectual del siglo XVIII se da también en la traducción con el mismo Voltaire y su discípula Mme. de Châtelet, quien tradujo obras científicas del inglés como las de Newton.
Aunque la ilustración es de origen europeo, las revoluciones en América se dieron con la difusión de las ideas traducidas de la ilustración.
Grandes escritores fueron traductores como Baudelaire, quien tradujo a Edgar Allan Poe y cuya traducción sigue siendo de referencia.
El trabajo del traductor ha cambiado en los últimos 20-30 años. Por ejemplo, la creación de la UE que maneja 23 lenguas oficiales, requiere la combinación de todas esas lenguas. La ONU solo tiene 6 idiomas oficiales, pero la participación de 193 países implica el trabajo en muchas lenguas.
Pensando en Babel, deberíamos considerar la confusión de lenguas como una bendición para la humanidad. La Biblia dice que antes de ello los hombres hablaban una sola lengua, lo cual es aterrador cuando se entiende como un pueblo sin derecho a su voz particular y sin libertad. Babel podría interpretarse como una liberación donde se crea la diversidad e implica la capacidad para redescubrirse los unos a los otros. Pentecostés, que hace la simetría con Babel, implica entender el lenguaje del otro más allá del idioma particular en el cual cada uno habla.
Finalmente, la traducción, más allá de sus componentes técnicos, es un arte, en el sentido de la “poiesis” que quiere decir creación. Podríamos decir que somos poetas en el sentido de que traducir es poetizar, pues implica crear. La traducción deja la huella del traductor. Es necesario aprender a superar la frustración de la invisibilidad, pues el orgullo del traductor está más en el aporte que hacemos al público que no conocemos. Somos el alma de la comunicación.